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TUSBIC, MISBIC, NOSBIC… por Oscar Sin Nick

23 May

Encantado de la vida vengo.

Hacía años que no cogía una bicicleta. Por aquel entonces la motivación no iba más allá de hacer unos kilómetros sorteando tráfico, algún que otro insulto, caminos imposibles, esas malditas cuestas…

Hoy he dado el paso, y me he pasado por la estación de bicicletas del Paseo Pereda (a lo grande, como no), para ver cuanto de verdad hay en esas cosas que uno lee en la prensa y a veces mira pero no ve desde el coche.

El proceso de inscripción tengo que de decir que es un pelín coñazo, aunque como suele pasar en estos casos, si haces TODO lo que te dice la pantalla, y no te saltas NI UN SOLO paso, conseguirás desatascar tu bicicleta y empezar a tirar millas.

Delante de nosotros un padre y una hija, holandeses, tratan de sacar adelante el farragoso trámite bajo un sol de justicia y una cola que empieza a tener dimensiones considerables. El candado número trece no funciona, y alarga la operación más de la cuenta. Al final, los holandeses consiguen sus bicicletas.

Anastasia y yo somos los siguientes. Voy completando una a una las operaciones que me va pidiendo el cajero. Con ayuda del señor que tengo detrás, que peina ya unas cuantas canas, consigo las bicicletas, y nos lanzamos a quemar… bueno más que asfalto, carril-bici.

De la grúa de piedra a los peligros poca novedad. El carril está bastante bien definido, aunque la pasarela de madera frente al Marítimo nos juega alguna que otra mala pasada. De todas formas creo que lo van a mejorar, así que bienvenido sea.

En la zona de la playa de Los Peligros mencionar dos gigantescos culos que nos impidieron avanzar durante un buen trecho, justo hasta que frente a La Horadada atravesamos un tramo en el que la pasarela es más que peligrosa. De ahí, cuestas aparte, hasta el Parque de Las Llamas, tampoco grandes novedades. Una gozada en cuanto a señalización y pavimento, y en general civismo y poca melonada entre los peatones.

Haciendo el camino de vuelta, tras recorrernos todo lo que pudimos del Parque de Las Llamas, reseñable el comentario de ‘un señor’ en la zona de la playa de Los Peligros ‘y cómo es que las bicicletas van por aquí’. Pues ya ves hijo, porque por fin esta ciudad empieza a ser más europea. Tenemos un carril-bici (creciendo) y un servicio de bicicletas para presumir.

Aparte del rollo que es hacer la gestión con el cajero de la estación de bicicletas, el servicio merece la pena, hay carril para dar y tomar, y las bicicletas están en muy buen estado.

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BAILANDO EN 3D, por Oscar Sin Nick

29 Dic

Yo también he caído. Ayer vi AVATAR. Es difícil que a día de hoy no haya alguien que no sepa a grandes rasgos de qué va la película, por no hablar del pastón que ha costado y toda la historia esa de que va a cambiar el concepto del cine que teníamos hasta ahora.

Ya que íbamos a asistir a semejante acontecimiento planetario (el siguiente es lo de Zapatero y Obama), nos soltamos el pelo, y sobre todo los euros, y optamos por verlo en versión 3D, que cuesta 3 euros más, gafitas incluidas.

¿Qué vimos? Pues una versión actualizada de ‘Bailando con Lobos’, aunque quizás más simplona en lo que a los malos se refiere. Si en el montaje definitivo Kostner esbozó la cazurrez del hombre blanco en el último cuarto de hora de película, Cameron, que se pasa de metraje, le da más minutos al ‘stupid american way of life’, es decir, somos americanos, tenemos armas y somos muy tontos.

Uno de ellos, a pesar de ser marine, tiene algunas luces de más, y tras infiltrarse entre los armarios estilizados con colita (los habitantes del planeta a destrozar), entiende que debe cambiar de bando, y acaba enrolado y liderando la revuelta indígena contra los alienígenas (los humanos, que para eso juegamos fuera de casa).

Aparte de ligarse a la hija del jefe de los indígenas, y demostrar que los marines están hechos de otra pasta, su objetivo final no es otro que el de parecerse a Kevin Kostner aunque para nuestra desgracia, acompañado de un personaje mal trazado y totalmente prescindible, el que interpreta Sigourney Weaver.

James Cameron ha necesitado, dicen los entendidos, quince años para parir este producto. Creo que una vez plagiada la película del Kostner, el resto del tiempo lo ha empleado en imaginar los bellos paisajes que recrea a la perfección la tecnología de la que disponemos hoy en día.

Estrenada justo en el momento en el que el planeta la cagó en Copenhage, Avatar pasará a la historia por haber costado mucho dinero, y sobre todo por haber conseguido que nos dejemos engañar para ver una peli más de acción y fantasía, donde los buenos, aunque con numerosas bajas, acaban ganando. ¿O acaso esperabais que después de casi tres horas nos fuéramos con un disgusto a casa?

Recomendable para ver en familia, aunque no durante una pesada digestión, ya que hay tramos en los que lo mejor es quedarse dormido. Total, ya la vi hace casi 20 años.